La luna en cuarto menguante comenzó a asomar por detrás de los rascacielos de la ciudad, pese a estar nublado se veía resplandeciente y de color marfil. Claudia se paró un instante para contemplarla pero rápidamente emprendió su marcha, no le gustaba andar sola por la calle y por si fuera poco el callejón por donde tenía de pasar para llegar a casa no estaba iluminado. Siempre pasaba por el mismo lugar sin detenerse nunca para observar los altos edificios ni el interior de algún piso cuya puerta había sido arrancada por algunos gamberros. Era un sitio escalofriante. Solo se podía oír el eco de los tacones de la mujer caminando con paso firme y rápido hacía el otro extremo pero algo en un rincón llamó su atención: era una anciana sin hogar que había visto otras veces, nunca antes le había dirigido la palabra hasta entonces.
—No deberías pasar por aquí niña — Dijo con voz temblorosa— Ellos te están observando.
Claudia observó a la mujer alzar la cabeza para observar la más completa oscuridad, posiblemente solo deliraba, la pobre mujer ya era mayor y su cabeza no funcionaba con claridad, eso es lo que pensó Claudia antes de proseguir su camino ignorando a la anciana.
Un golpe de aire pasó a través del callejón haciendo que el pelo de Claudia se agitara y que el grito de la anciana sonara mucho más horripilante. Presa por el miedo, la mujer se volvió lentamente pero solo encontró sombras y oscuridad, solo la tenue luz de la luna le permitió ver a sus pies una mancha de un liquido negruzco que corría calle abajo. Cuando comprendió lo que era aquel liquido quiso echar a correr pero el miedo hacía que sus piernas no respondieran como era debido y acabó cayendo al suelo sobre el charco de sangre, sintió deseos de gritar y pedir ayuda pero ni un sonido salió de su boca. Claudia se puso en píe con dificultad, ya estaba en la salida del callejón cuando oyó un chirrido agudo seguido de un golpe que resonó por las paredes de las estructuras. El corazón de la mujer se aceleró por la sorpresa, un grito ahogado salió de su garganta cuando algo frío y viscoso le rozó el tobillo y lo rodeo para segundos después tirar de ella. Al borde de la desesperación Claudia grito y se revolvió como pudo, clavó las uñas en el suelo para evitar ser arrastrada por aquel ser pero solo consiguió arrancarlas y que de sus dedos comenzará a brotar sangre.
El olor de sangre y miedo se mezclaba con los gritos desesperados de la mujer, quien aún luchaba inútilmente contra la criatura que le arrebataba la vida lentamente. Sintió como unos afilados dientes se hundían en su carne atravesando la fina piel, luego la sangre comenzó a brotar, caliente y espesa para alimentar a la criatura que la inmovilizaba con su peso. Sus ojos eran blancos, sin iris ni pupila, tan fríos como el mismo hielo y tan vacíos como el abismo. Lo último que pudo ver a través de sus lagrimas fue una mancha blanca en forma de hoz que presenciaba la escena. Poco a poco la oscuridad fue lo único que pudo ver y el dolor desapareció engullido por las sombras como el recuerdo de Claudia.
Hola, vengo del Semillero. Pasaba a comentarte que ya está la reseña de tu blog, y esperamos que sea de tu agrado.
ResponderEliminarPuedes dejar comentarios, opiniones, y visitar el espacio siempre que quieras. Desde ya, gracias por participar.
Saludos
Buenísimo relato; introduce en un clima lúgubre e inquietante, sin dudás que caminé junto a Claudia... (y la bestia me perdonó)
ResponderEliminarUn gusto en ser el primer seguidor, de muchos que vendrán seguramente.
Saludos
Vengo desde El Semillero. He visto tu reseña y no he podido resistirme a leer misterio y terror.
ResponderEliminarBesos! :)
Hola! Te sigo! Te importaría pasarte por mi blog?
ResponderEliminarwww.lasmejorescosasalamanecer.blogspot.com
Gracias!