A Seraphine siempre le había gustado el mundo humano, aunque todos sus compañeros insistían en que los humanos eran frágiles y era mejor no acercarse a ellos siempre admiraba con cierta envidia a los niños jugueteando y riendo por las calles y las fiestas que celebraban al aire libre. Físicamente lo único que la diferenciaba de los humanos eran sus enormes alas de plumas blancas que salían de sus omóplatos, pero psicológicamente ángeles y humanos eran muy diferentes. Seraphine había ido al mundo humano para observar a una pequeña niña que siempre le había llamado la atención, aunque la pequeña tenía solo una pierna y no podía correr con los otros niños siempre estaba riendo alegremente. Siempre que podía observaba a la pequeña desde algún escondrijo y, día a día, la observaba crecer.
Una tarde Seraphine decidió mostrarse a la joven, después de tanto observarla quería al menos hablar con ella una vez. Cuando la muchacha se quedó sola el ángel le susurró para que la siguiera a la parte más profunda del bosque donde no serían descubiertas y allí se mostró por primera vez ante un humano. Aunque había dudado la muchacha siguió la voz y como pudo entró en el bosque con su silla de ruedas. Al principio la joven se quedó perpleja y trataba desesperadamente de decir algo pero las palabras no querían salir de sus labios, el ángel la ayudó hablando en primer lugar con una voz melodiosa y dulce.
—Entiendo que estés sorprendida pero no voy a hacerte daño —Dijo sacudiendo sus enormes alas —, solo quería hablar un poco contigo.
La muchacha alargo el brazo para tocar una de las blancas plumas que formaban las alas del ángel, pero Seraphine retrocedió instintivamente pero al ver el rostro de la muchacha se acercó y le permitió acariciar sus alas.
—Son hermosas... —Musitó con una sonrisa— Ojalá yo también pudiera volar.
—Es cierto que los humanos no podéis volar, aún así os envidio, siempre estáis felices.
La joven observó al ángel un largo rato y luego sonrió pesarosamente bajando la cabeza. Seraphine se arrodilló a su lado y acarició su pelo para reconfortarla, olía a lavanda y su sonrisa era hermosa.
—Eso no es cierto, los humanos somos crueles y destructivos, por favor, llévame contigo —Sollozó la muchacha agarrándose a las ropas del ángel entre lagrimas.
—N-no puedo hacer eso, lo siento pero solo de hablar contigo ya estoy rompiendo las normas y...
Seraphine se alejó apurada, no pensaba que pudiera pedirle tal cosa y temió haber cometido un error al mostrarse ¿Y si la muchacha lo contaba todo? ¿Y si sus compañeros se enteraban de lo que había echo? No quería pensar en ello, estaba demasiado aterrada para pensar y echó a volar, aún así pudo oír desde lejos la voz de la joven.
Los días habían pasado y el recuerdo de haber dejado a la muchacha sola en el bosque corroía a Seraphine haciendo que deseara cada vez más ir a ver a su niña. Al fin decidió aparecerse de nuevo en el pueblo y una noche llamó a la joven para disculparse pero esta no racionó como había esperado. Las palabras que salían de su boca la herían como puñales, el dolor de la traición no se semejaba a nada de lo que había sentido en todos sus años de vida.
—¡Esta aquí! —Gritaba— ¡Es el ángel, yo no mentía!
Hombres, mujeres y niños se acercaron al lugar donde se escondía Seraphine, y esta, descubierta y traicionada echó a volar para jamás volver. Recordó la sonrisa de aquella niña pequeña y ahora sus palabras, ciertamente los humanos eran seres despreciables de los que tendría de haberse alejado.
Solo se oyó un disparo. El ángel comenzó a descender por el impacto y cayó al suelo desde una altura considerable, aún estando herida su naturaleza no le permitía darse por vencida así que se puso en pie y corrió bosque a través huyendo de los ladridos de perro que le recortaban distancia. La sangre manchaba su ropa de color blanco al igual que sus alas, las plumas de las cuales habían adquirido un tono carmesí. Ya exhausta se escondió tras unas rocas para recuperar el aliento pero el olfato de los perros era demasiado fino y fue descubierta, sintió como los colmillos de los animales se clavaban en su delicada piel extendiendo un charco de sangre por las hojas y la tierra del suelo. Los hombres llegaron poco después y retiraron a los perros, Seraphine podía oír sus risas y las ramas crujir bajo sus píes, ella no había echo nada ¿Por qué le hacían esto? Los hombres le arrancaron todas sus plumas ahora de color rojo aún en vida y se llevaron el cuerpo del ángel deseosos de sacarle provecho a una criatura tan maravillosa.
Pequeños relatos de ¿Terror? y misterio diversos, con temas realistas o fantásticos como son las típicas historias de vampiros, hombres lobo, demonios, etc. La muerte y la sangre están presentes en la mayoría de ellas. No esperéis obras de arte pues todas son creadas por mí, aunque espero de todo corazón que os gusten.
Un saludo.
Kamy
sábado, 23 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
Muerte bajo la luna
La luna en cuarto menguante comenzó a asomar por detrás de los rascacielos de la ciudad, pese a estar nublado se veía resplandeciente y de color marfil. Claudia se paró un instante para contemplarla pero rápidamente emprendió su marcha, no le gustaba andar sola por la calle y por si fuera poco el callejón por donde tenía de pasar para llegar a casa no estaba iluminado. Siempre pasaba por el mismo lugar sin detenerse nunca para observar los altos edificios ni el interior de algún piso cuya puerta había sido arrancada por algunos gamberros. Era un sitio escalofriante. Solo se podía oír el eco de los tacones de la mujer caminando con paso firme y rápido hacía el otro extremo pero algo en un rincón llamó su atención: era una anciana sin hogar que había visto otras veces, nunca antes le había dirigido la palabra hasta entonces.
—No deberías pasar por aquí niña — Dijo con voz temblorosa— Ellos te están observando.
Claudia observó a la mujer alzar la cabeza para observar la más completa oscuridad, posiblemente solo deliraba, la pobre mujer ya era mayor y su cabeza no funcionaba con claridad, eso es lo que pensó Claudia antes de proseguir su camino ignorando a la anciana.
Un golpe de aire pasó a través del callejón haciendo que el pelo de Claudia se agitara y que el grito de la anciana sonara mucho más horripilante. Presa por el miedo, la mujer se volvió lentamente pero solo encontró sombras y oscuridad, solo la tenue luz de la luna le permitió ver a sus pies una mancha de un liquido negruzco que corría calle abajo. Cuando comprendió lo que era aquel liquido quiso echar a correr pero el miedo hacía que sus piernas no respondieran como era debido y acabó cayendo al suelo sobre el charco de sangre, sintió deseos de gritar y pedir ayuda pero ni un sonido salió de su boca. Claudia se puso en píe con dificultad, ya estaba en la salida del callejón cuando oyó un chirrido agudo seguido de un golpe que resonó por las paredes de las estructuras. El corazón de la mujer se aceleró por la sorpresa, un grito ahogado salió de su garganta cuando algo frío y viscoso le rozó el tobillo y lo rodeo para segundos después tirar de ella. Al borde de la desesperación Claudia grito y se revolvió como pudo, clavó las uñas en el suelo para evitar ser arrastrada por aquel ser pero solo consiguió arrancarlas y que de sus dedos comenzará a brotar sangre.
El olor de sangre y miedo se mezclaba con los gritos desesperados de la mujer, quien aún luchaba inútilmente contra la criatura que le arrebataba la vida lentamente. Sintió como unos afilados dientes se hundían en su carne atravesando la fina piel, luego la sangre comenzó a brotar, caliente y espesa para alimentar a la criatura que la inmovilizaba con su peso. Sus ojos eran blancos, sin iris ni pupila, tan fríos como el mismo hielo y tan vacíos como el abismo. Lo último que pudo ver a través de sus lagrimas fue una mancha blanca en forma de hoz que presenciaba la escena. Poco a poco la oscuridad fue lo único que pudo ver y el dolor desapareció engullido por las sombras como el recuerdo de Claudia.
—No deberías pasar por aquí niña — Dijo con voz temblorosa— Ellos te están observando.
Claudia observó a la mujer alzar la cabeza para observar la más completa oscuridad, posiblemente solo deliraba, la pobre mujer ya era mayor y su cabeza no funcionaba con claridad, eso es lo que pensó Claudia antes de proseguir su camino ignorando a la anciana.
Un golpe de aire pasó a través del callejón haciendo que el pelo de Claudia se agitara y que el grito de la anciana sonara mucho más horripilante. Presa por el miedo, la mujer se volvió lentamente pero solo encontró sombras y oscuridad, solo la tenue luz de la luna le permitió ver a sus pies una mancha de un liquido negruzco que corría calle abajo. Cuando comprendió lo que era aquel liquido quiso echar a correr pero el miedo hacía que sus piernas no respondieran como era debido y acabó cayendo al suelo sobre el charco de sangre, sintió deseos de gritar y pedir ayuda pero ni un sonido salió de su boca. Claudia se puso en píe con dificultad, ya estaba en la salida del callejón cuando oyó un chirrido agudo seguido de un golpe que resonó por las paredes de las estructuras. El corazón de la mujer se aceleró por la sorpresa, un grito ahogado salió de su garganta cuando algo frío y viscoso le rozó el tobillo y lo rodeo para segundos después tirar de ella. Al borde de la desesperación Claudia grito y se revolvió como pudo, clavó las uñas en el suelo para evitar ser arrastrada por aquel ser pero solo consiguió arrancarlas y que de sus dedos comenzará a brotar sangre.
El olor de sangre y miedo se mezclaba con los gritos desesperados de la mujer, quien aún luchaba inútilmente contra la criatura que le arrebataba la vida lentamente. Sintió como unos afilados dientes se hundían en su carne atravesando la fina piel, luego la sangre comenzó a brotar, caliente y espesa para alimentar a la criatura que la inmovilizaba con su peso. Sus ojos eran blancos, sin iris ni pupila, tan fríos como el mismo hielo y tan vacíos como el abismo. Lo último que pudo ver a través de sus lagrimas fue una mancha blanca en forma de hoz que presenciaba la escena. Poco a poco la oscuridad fue lo único que pudo ver y el dolor desapareció engullido por las sombras como el recuerdo de Claudia.
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